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Etiquetas autoadhesivas funcionales para el mercado de la alimentación y bebidas

En la venta minorista de alimentos y bebidas, una etiqueta autoadhesiva puede crear una solución multifuncional que simplifique el flujo de trabajo y la producción del producto, ofreciendo al mismo tiempo un nivel adicional de autenticación. A la vista de la cobertura mediática que recibe la adulteración/falsificación de bebidas –leche para lactantes y otras bebidas (incluido el vino), alimentos y medicamentos sin receta–, el propietario de marca responsable puede optar por un camino simple que le conduzca al éxito, cumpliendo todas sus expectativas: la etiqueta autoadhesiva.

por Jules Lejeune, Managing Director FINAT

En todos los segmentos de mercado de consumo –incluidos los alimentos, bebidas, medicamentos y retailing– las etiquetas autoadhesivas gozan de una reputación intachable de fiabilidad y versatilidad en todos los sentidos. Son una opción preferente por la naturaleza extremadamente estable del «sandwich» autoadhesivo, un laminado de material frontal imprimible, adhesivo y el papel protector que lo conduce por la prensa. Las etiquetas, que se entregan en bobinas largas o cortas y sobre el material de apoyo, están listas para su personalización legible y precisa aplicando cualquiera de las tecnologías actuales de impresión de información variable para obtener un identificador único.

Son etiquetas funcionales que deben colmar distintas necesidades en distintos ambientes. Desempeñan una serie de funciones importantes: identifican artículos en el punto de venta al consumidor, en envases transparentes de productos que se venden por peso, y especialmente alimentos frescos. En este caso, la función dual de legibilidad de la etiqueta –identificar correctamente el contenido para el consumidor y permitir al dependiente escanear el código de barras del artículo en la caja– es vital. También pueden desempeñar un papel básico en la autenticación de productos y la lucha contra la manipulación.

El soporte real al que se pueden aplicar puede ser desde madera hasta cartulina, plástico (películas o contenedores), cristal o cartón encerado. Puede estar caliente, húmedo, frío o recién sacado del congelador. Las etiquetas autoadhesivas emplean un gran abanico de adhesivos que ofrecen una buena adherencia, independientemente de las circunstancias. Existen adhesivos certificados para contacto directo con alimentos (que cumplen las normas de la FDA y la BfR).

Pero esa es sólo una parte de la historia. El material frontal de la etiqueta –la superficie que se puede imprimir– debe poder adaptarse al paquete sobre el que se aplica. Sobre superficies planas, no plantea ninguna dificultad; pero la cosa cambia cuando hablamos de envases curvados o superficies «difíciles», como plásticos apolares que repelen los adhesivos comunes o, por ejemplo, las etiquetas aplicadas directamente a la fruta de autoservicio del supermercado. Las condiciones de almacenamiento –mojado, húmedo, congelado– también afectarán a la elección del material para la cara.

Además, es esencial que sea fácilmente legible (ya sea a simple vista o con escáner). En consecuencia, los métodos de impresión que se emplean para este tipo de etiquetas también afectan a la elección del material frontal. En las etiquetas autoadhesivas, la posibilidad de elegir un papel frontal específico y combinarlo con un determinado adhesivo y un papel protector especialmente indicado para el método de aplicación de la etiqueta supone una ventaja considerable.

Las etiquetas autoadhesivas, que pueden estar o no preimpresas, pueden utilizar todos los tipos de impresión de información variable que existen: impresión térmica directa, transferencia térmica, inkjet (incluso plana) e impresión láser. Por lo general, combinan identificadores alfanuméricos (el nombre o código de producto) para su lectura a simple vista con identificadores digitales, como los códigos de barras. Recientemente, al simple código de barras unidimensional se le han sumado los códigos bidimensionales y, gracias a la tecnología 2D, incluso tridimensionales. Las etiquetas autoadhesivas pueden adaptarse a las tecnologías de código de barras más avanzadas, incluso las asociadas con las tecnologías actuales de autenticación de productos.

La tecnología térmica directa, que crea una imagen aplicando calor sobre un soporte sensible a la temperatura, se emplea principalmente en el mercado de la venta minorista, sobre todo en el etiquetado de envases transparentes de alimentos frescos. Ofrece facilidad de uso y fiabilidad para aplicaciones con una vida útil corta, y permite obtener códigos de barras a una velocidad razonable y con un coste relativamente asequible. Estas características también convierten la tecnología térmica directa en la mejor elección para la identificación de productos en tránsito y etiquetas de seguimiento, p. ej. para la distribución de paquetes o para el marcado de embalajes y palés.

Conviene mencionar que, tradicionalmente, el bisfenol A (BPA) se venía empleando en papeles térmicos como revelador de la imagen, pero el interés actual por su posible toxicidad ha obligado a los fabricantes de material térmico autoadhesivo a ofrecer alternativas para aplicaciones sensibles.

La transferencia térmica, que utiliza cintas de tinta con un cabezal de impresión térmica, es una de las tecnologías más flexibles para la impresión de información variable, debido a la gran variedad de cintas y materiales para etiquetas (muchos aprobados por UL) y a su capacidad para imprimir en color. Se emplea sobre todo en aplicaciones industriales. La impresión inkjet irrumpe también en el mercado de las etiquetas funcionales, y se emplea para añadir fechas de caducidad y otros identificadores durante la impresión de bobina a bobina de las etiquetas para alimentos envasados en máquinas modulares, que pueden incluir una unidad de impresión digital.
La colocación real de la etiqueta sobre el envase se puede realizar, en función de la aplicación, de forma manual o con una etiquetadora manual.

En resumen, la etiqueta autoadhesiva ofrece una flexibilidad y versatilidad inigualables para el etiquetado cotidiano, pero también en áreas más avanzadas como las etiquetas RFID «inteligentes» o las funciones de trazabilidad o antimanipulación. Los convertidores de etiquetas autoadhesivas de toda Europa y sus proveedores de material son una excelente fuente de información sobre las oportunidades al alcance de los propietarios de marcas y otras empresas que transportan productos a través de geografías cada vez más amplias. No importa si los volúmenes de etiquetas con información variable son grandes o pequeños, sencillos o complejos, ni tampoco los procesos de impresión empleados; merece la pena hablar con un convertidor de etiquetas autoadhesivas para conocer la forma más rentable y satisfactoria de abordar un reto concreto de etiquetado.

Fuente: http://www.alabrent.com/news.php?id=20608


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